Continuamente vamos cubriendo etapas a lo largo de nuestra vida, la mayoría de ellas sin tener una conciencia clara de lo que está pasando, de lo que vamos haciendo, no implican cambios aparentemente en nuestras formas, en nuestro día a día, y a veces incluso parece que no llegaran a tener justo por eso la trascendencia que tienen.
Pero otras veces, estas Etapas son tan tangibles, tan claras como tales desde que se acometen, que nos acaparan de una forma absoluta, casi diría que en cuerpo y mente, aún cuando sigamos de alguna forma manteniendo nuestra rutina, pero lo hacemos con el pensamiento puesto en el asunto que nos mueve, y con el cuerpo en alerta por si hubiera que tomar alguna medida.
Es curioso, si nos detenemos a pensar, no tienen mayor trascendencia que aquellas otras que pasan calladas, que apenas llegamos a darnos cuenta de cuanto implican, solo la objetividad de la distancia nos deja cuantificarlas en su justa medida.
Y ahora, en que corto espacio de tiempo me he visto en dos situaciones de estas que hablo, tangibles, radicales, definitivas, bueno, corto... corto solo si lo comparo con toda una vida, no hablo de semanas ni de días...
Y ahora que la última decisión pendiente ya está más que tomada, me sentaré a ver si acerté, que estoy segura, y a ver como difiere del ayer esta nueva aventura que pronto será acometida.
Y no hay cambio alguno, no alteraré mis costumbres, ni mis horarios, ni mis días, pero aún así todo será diferente, otro comenzar (nunca recomenzar, siempre nuevo, así se evitan los mismos tropiezos y las mismas heridas) otra oportunidad de inventar, de hacer...
Me encanta empezar cosas, me gusta tener la oportunidad de inventar, de idear, de proponer... y cuando toque, ya volveré a vestir de colores la rutina.
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Pero otras veces, estas Etapas son tan tangibles, tan claras como tales desde que se acometen, que nos acaparan de una forma absoluta, casi diría que en cuerpo y mente, aún cuando sigamos de alguna forma manteniendo nuestra rutina, pero lo hacemos con el pensamiento puesto en el asunto que nos mueve, y con el cuerpo en alerta por si hubiera que tomar alguna medida.
Es curioso, si nos detenemos a pensar, no tienen mayor trascendencia que aquellas otras que pasan calladas, que apenas llegamos a darnos cuenta de cuanto implican, solo la objetividad de la distancia nos deja cuantificarlas en su justa medida.
Y ahora, en que corto espacio de tiempo me he visto en dos situaciones de estas que hablo, tangibles, radicales, definitivas, bueno, corto... corto solo si lo comparo con toda una vida, no hablo de semanas ni de días...
Y ahora que la última decisión pendiente ya está más que tomada, me sentaré a ver si acerté, que estoy segura, y a ver como difiere del ayer esta nueva aventura que pronto será acometida.
Y no hay cambio alguno, no alteraré mis costumbres, ni mis horarios, ni mis días, pero aún así todo será diferente, otro comenzar (nunca recomenzar, siempre nuevo, así se evitan los mismos tropiezos y las mismas heridas) otra oportunidad de inventar, de hacer...
Me encanta empezar cosas, me gusta tener la oportunidad de inventar, de idear, de proponer... y cuando toque, ya volveré a vestir de colores la rutina.






































